
Entonces el Nimerfo salió otra vez de la básica de Mi Chota Feliz, se llegó hasta el Colectivo y con voz grave me dijo:
"Mich, no vale la pena... no vale la pena"
Y yo lo miré y lo comprendí con toda profundidad.
Y entendí que siempre morimos solos.
Y entendí que nacemos solos.
Y entendí que no vale la pena ni por segundo pensar que abandonamos esa condición.
Y con los ojos se lo dije al Nimerfo, y él entendió..
Y así tal vez negué lo pensado.
Y él también comprendió.